Si no estás en la mesa, estás en el menú

Independientemente de si se llega a un acuerdo o no, mantener la calma y la comunicación abierta es siempre la opción más conveniente al finalizar el proceso, incluso si la negociación hubiera sido tensa. En esas situaciones, la tendencia habitual es interrumpir por completo la relación y esto puede imposibilitar cualquier entendimiento futuro. Si, además, se hubiera producido alguna falta de respeto y cerráramos sin disculpas, podría haber represalias y ganas de revancha. Por ello, debemos, no solo guardar las maneras, sino acudir a las invitaciones a la mesa de debate.

En una ocasión, discutía cuestiones relativas a salarios y otras condiciones laborales con los representantes de los trabajadores de una fábrica. Uno de ellos pertenecía al departamento de producción y el otro al de logística. Establecidas las posiciones iniciales y avanzadas las conversaciones, llegaba el momento de hacer concesiones. ¿A qué departamentos creéis que afectaban las concesiones que me proponían? ¿A los departamentos en los que ellos militaban? Obviamente, no. Los ofrecidos «como sacrificio» por ellos fueron los departamentos que carecían de representación en el comité de empresa, en pos de, supuestamente, un acuerdo común. A esto me refiero cuando digo que, si no estamos en la mesa, estamos en el menú. Siempre hay que intentar ocupar nuestro lugar en la mesa de negociación para evitar que sean nuestros intereses los que se entreguen como moneda de cambio para que terceras partes alcancen sus objetivos.

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
Facebook
X (Twitter)