Trece días más: los acuerdos de Camp David

Es posible que algún doctor en medicina pueda enojarse al leer las palabras que siguen, no obstante, asumo el riesgo de comenzar mi discurso con la siguiente aseveración: «La medicina es el arte de entretener al paciente mientras la naturaleza lo cura». Insisto, eso sí, que no se trata de un pensamiento propio, sino de una cita del escritor y filósofo francés François-Marie Arouet, más conocido por su pseudónimo: Voltaire. En una época en la que el catálogo de tratamientos prescritos incluía sangrías, enemas  de humo de tabaco o la administración de mercurio por vía oral y rectal, Voltaire sostenía que: «Los doctores recetan drogas, de las cuales saben muy poco para curar enfermedades, de las cuales saben menos, a los seres humanos, de quienes no saben absolutamente nada».

Y es realmente cierto que a lo largo de la historia se han cometido muchas barbaridades y tropelías en nombre de la ciencia, y la medicina no resulta una excepción. Sin embargo, siendo justos, es a la noble ciencia de la medicina a la que hemos de atribuir el alargamiento de la vida que nuestros frágiles cuerpos han alcanzado en las últimas décadas. Actualmente la esperanza de vida al nacer en España es de 82 años en el caso de las hombres y de 87 años en el de las mujeres. Nos llamamos a nosotros mismos «jóvenes» a edades que resultaban impropias hace apenas unos decenios y, estudios recientes de la Universidad de Georgia en Estados Unidos, pronostican que el record de longevidad que actualmente se cifra en 122 años será ampliamente superado en los próximos 40 años.

La historia del Hombre es una auténtica lucha por trascender, por alargar el tiempo que se nos ha dado, por controlarlo. Por eso vivimos siempre pendientes del tiempo y hemos ideado una suerte de máquina, de momento no para viajar por él, pero al menos para medirlo: el reloj. Lejos de los antiguos obeliscos egipcios de hace más de 5.000 años que medían el tiempo por medio de sombras proyectadas, los primeros relojes mecánicos aparecieron en Europa a principios del siglo XIV. Aquellos artefactos no solamente se usaban para medir el tiempo sino también para la navegación y la determinación de longitudes geográficas o incluso el movimiento de los planetas. No obstante, aquellas primeras obras de arte fracasaban en su intento de luchar con la implacable fuerza de la gravedad y, por efecto de la misma, terminaban retrasándose.

No importaba cuanto mantenimiento se diera a aquellos relojes, el tirón gravitatorio provocaba fluctuaciones en el mecanismo interno que hacían que el esfuerzo de las agujas para subir fuera mayor que para bajar, lo que los descompensaba, y desdibujaba su cronografía. No fue hasta el año 1775 cuando Abraham Louis Breguet reparó en que incorporando un elemento rotatorio en el corazón mismo de la máquina, se conseguiría homogeneizar y unificar el efecto de la gravedad sobre el reloj, evitando así el desfase del mecanismo. Aquel ingenio recibió el nombre de Tourbillón y aún hoy se sigue incorporando en algunos relojes de alta gama como símbolo de perfección y belleza.

Y es que solucionar el retraso en los relojes era una simplemente cuestión de tiempo. Antes o después, alguien resolvería el problema, porque dicen que el tiempo todo lo cura, ¿verdad? Sin embargo, hay algunos conflictos que parecen resistir a su paso, que se demoran en curar, como el de Israel y Palestina. A pesar de que según los medios de comunicación, están en conversaciones para conseguir un alto el fuego antes del Ramadán, los ataques y las muertes en la franja de Gaza siguen produciéndose desde que el pasado 7 de octubre se perpetraran los infames ataques de Hamás sobre territorio israelí que costaron la vida a más de 1.400 personas.

Para entender los motivos que hacen de esta zona del planeta un polvorín, hay que remontarse al año 1948, cuando las Naciones Unidas dividieron lo que había sido el Protectorado Británico de Palestina en dos estados: uno judío y otro árabe. Esto provocó de manera inmediata el inicio de un conflicto armado, a resultas del cual Israel terminó controlando todo el antiguo territorio palestino, excepto la Franja de Gaza (controlada por Egipto) y Cisjordania. Pero la cosa no quedó ahí. Posteriormente, en el año 1956 se produjo la Guerra del Sinaí o Guerra de Suez cuando Egipto proclamó la nacionalización del Canal de Suez, enfrentándose a los ejércitos de Israel, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Más tarde, ya en 1967, se desató la Guerra de los Seis Días, en la que Israel arrebató a Siria el control de los Altos del Golán, Cisjordania a Jordania, y Gaza y el Sinaí a Egipto. Finalmente, Egipto y Siria juntaron sus fuerzas en una guerra sorpresa contra Israel en 1973, conocida como la Guerra del Yum Kippur. Esta guerra dio pie a que en 1975 los Estados Unidos y la Unión Soviética se reunieran en Ginebra con la intención de sentar en la mesa de negociaciones a todos los implicados en el conflicto de Oriente Medio para llegar a un acuerdo. No obstante, la Conferencia de Ginebra fracasó.

Sin embargo, los intereses de los Estados Unidos en la región, en especial la alianza con Israel y la dependencia del petróleo árabe, propiciaron una nueva intentona de reapertura del proceso de Ginebra en octubre de 1977. Los egipcios e israelíes se oponían a esta idea, dado que ambos habían tomado iniciativas bilaterales dirigidas a evitar una negociación multilateral. Esas iniciativas abrieron un nuevo diálogo dando origen a unas negociaciones en las que participaron Jimmy Carter (presidente estadounidense y mediador entre las partes), Anwar el-Sadat (presidente egipcio) y Menájem Beguín (primer ministro israelí). Dichas conversaciones y los acuerdos que se alcanzaron terminaron pasando a la historia como los Acuerdos de Camp David cuya cronología y enseñanzas os vengo a relatar a continuación. Corría el mes de septiembre del año 1978 y delegaciones de Egipto e Israel se trasladaron a la residencia de verano del presidente Carter en Maryland. Cada delegación tenía sus propias cabañas y sus miembros no solían mezclarse excepto durante las sesiones de negociación. La prensa fue excluida desde el principio y se mantenía muy poco contacto con el mundo exterior.

📆 5-6 de septiembre. Durante los dos primeros días las reuniones que se mantuvieron fueron  bilaterales y cada una de las partes estableció en su reunión con el mediador una posición muy extrema. No obstante, debido a la amistad existente entre Carter y Sadat, éste entregó al primero una lista con las concesiones que Egipto estaría dispuesto a aceptar.

▶️ Enseñanza 1. La confianza entre los equipos que se sientan a negociar es beneficiosa, pero no debemos confiar ciegamente en la otra parte, ni siquiera en un potencial mediador. Incluso mediadores aparentemente neutrales pueden tener sus propios intereses que pueden beneficiar o perjudicar a alguna de las partes. Siempre es más conveniente mantener una actitud discreta al inicio de las conversaciones y revelar la información una vez que hayamos evaluado las intenciones de los demás.

📆 7-8 de septiembre: Las primeras reuniones trilaterales tuvieron lugar al tercer día y rápidamente se convirtieron en peleas a gritos entre Beguín y Sadat. Los americanos tuvieron que mantener a ambos líderes separados y empezaron a ejercer de auténticos mediadores, hablando con cada delegación por separado.

▶️ Enseñanza 2. Las negociaciones que se inician tras un conflicto que ha sido intenso son muy complicadas ya que hay mucha carga emocional. En estos casos, como lo fue el de Camp David, contar con la figura de un mediador que calme y medie eficazmente entre las partes resulta clave para que las negociaciones terminen prosperando. El factor campo, que interesa que sea neutral, también es importante para no dar una teórica ventaja a ninguna de las partes en litigio.

📆 9-11 de septiembre: Carter y sus ayudantes comenzaron a desarrollar un borrador de acuerdo que se fue reescribiendo a medida que lo revisaba cada parte. Este proceso pareció progresar inicialmente en los temas del Sinaí y de la franja de Gaza y Cisjordania, pero Beguín demostró ser muy intransigente. Como Carter necesitaba un modo de hacer progresar las negociaciones, reveló a los israelíes la lista de las concesiones que Egipto estaba dispuesto a aceptar.

▶️ Enseñanza 3. Da igual la relación personal o el entendimiento mutuo previo, cada jugador tiene siempre sus propios intereses y debemos esperar que los persiga. Aunque el trabajo conjunto puede beneficiar a ambas partes, cada una debería mantener el poder necesario para “jugar su mano”. Sadat tenía poca experiencia negociadora y confió demasiado en su amistad con Carter. Éste había invertido muchísimo capital político en el proceso de paz y necesitaba mostrar resultados para salvar su presidencia. Por otra parte, Estados Unidos necesitaba promover la estabilidad en Oriente Medio para asegurar el acceso futuro a los recursos petrolíferos. Por tanto, la coincidencia de intereses personales y nacionales garantizaba que Carter sería una activa tercera parte durante las negociaciones.

📆 12-14 de septiembre: El proceso llegó a un punto muerto. A través de los borradores se habían eliminado la mayoría de los temas colaterales, pero se había llegado a punto muerto sobre el Sinaí y los asentamientos de la franja de Gaza y Cisjordania. Después de otra discusión entre Sadat y el Ministro de Asuntos Exteriores israelí Moshe Dayan, a final del día 10, todos parecían estar convencidos de que las conversaciones de Camp David estaban condenadas al fracaso.

▶️ Enseñanza 4. La negociación, al igual que otros procesos de desarrollo y mejora, no es lineal, sino que tiene altibajos. En el camino va apareciendo nueva información, cambian las circunstancias y con ellas puede que los objetivos, por lo que hay que estar dispuestos a reajustar nuestro rumbo a medida que avanzan las conversaciones. En ocasiones, esta deriva puede llevarnos a encontrarnos con bloqueos y situaciones en las que parece imposible que se alcance un acuerdo. Para superar los bloqueos en los procesos de negociación existen diferentes técnicas, como hacer un receso, dejar pendiente el punto de desacuerdo y seguir con el resto, o incluso cambiar a los negociadores que representan a cada parte.

📆 15 de septiembre: La delegación egipcia se disponía a abandonar Camp David pero el presidente americano, consciente de que ese resultado dañaría su imagen, les convenció para quedarse apelando a su amistad personal con Sadat. Para conseguir avanzar y que Israel abandonar los asentamientos y las bases en el Sinaí, Carter ofreció a Beguín la garantía tanto de que Israel continuaría accediendo a los suministros de petróleo, como de que podría construir dos nuevas bases aéreas en el desierto de Nègev. Su estrategia era usar los recursos americanos para ayudar a cambiar el cálculo de beneficios y riesgos para las partes del conflicto, asumiendo compromisos bilaterales con cada uno de ellos.

▶️ Enseñanza 5. La creatividad y la capacidad de generar propuestas diferentes para resolver el problema objeto de discusión es una cualidad fundamental en los buenos negociadores. Cuando las situaciones se atascan, abrir la mente a ideas innovadoras puede ser el único camino viable. Un buen negociador no debe darse por vencido y ha de buscar alternativas incluso más allá de lo que se está discutiendo. Así lo hizo Carter, no dio su brazo a torcer y puso encima de la mesa una solución creativa que satisfacía los intereses de Israel. A veces, solo con tomar un poco de distancia, se encuentran soluciones que, por obvias, pasábamos por alto.

📆 16 de septiembre: El futuro de los asentamientos de la franja de Gaza y Cisjordania seguía pendiente. Como una solución definitiva del problema no parecía posible, se preparó un acuerdo ambiguo de forma que en el texto no se establecía con claridad el futuro de los asentamientos.

▶️ Enseñanza 6. Cuando es necesario alcanzar un pacto pero ponerse de acuerdo en las condiciones es imposible, pueden redactarse cláusulas ambiguas o abiertas a la interpretación como la que se usó para la creación de la Autoridad de autogobierno en la franja de Gaza y Cisjordania. Sin fecha y sin plan de implementación, dejan libertad a las partes para poder seguir haciendo “business as usual” pero volver a casa con un acuerdo firmado.

📆 17 de septiembre: Las tres partes finalizaron el acuerdo el decimotercer día y vuelven a la Casa Blanca para la ceremonia oficial de la firma en la que se establece un marco de trabajo para la paz en Oriente Medio. Seis meses más tarde, en marzo de 1979, Sadat y Beguín firmaron un tratado de paz bilateral entre Israel y Egipto.

¿Y qué pasó después? Sadat y Beguín recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1978, pero sin embargo, el resto de países árabes no vio con buenos ojos aquel acuerdo y en octubre de 1981, durante un desfile militar, Anwar el-Sadat fue asesinado por unos soldados que lo ametrallaron deliberadamente. Sería sucedido en su cargo por Hosni Mubarak. Por su lado, Menajem Beguín permaneció en el cargo hasta 1983 hasta ser sustituido por Isaac Shamir. Murió de un infarto en 1992, a la edad de 78 años. Por último, Carter pudo vender aquel acuerdo como una victoria de su política exterior pero sin embargo perdió las elecciones de 1981 en favor del ínclito Ronald Reagan. Aún sigue vivo.

Termino ya dejándoos la pregunta: ¿creéis que hubo un ganador y un perdedor? ¿quién ganó en los acuerdos de Camp David? La mayoría de expertos sostienen que Israel fue el ganador, al lograr que cesaran las amenazas a su seguridad por parte de uno de sus más poderosos adversarios y haciendo poquísimas concesiones a cambio. Mientras tanto, Egipto reconquistó el control del Sinaí, pero comprometiendo su prestigio en el mundo árabe, por establecer una relación más cercana con Estados Unidos. Otros historiadores piensan que Egipto fue el vencedor, porque recibió territorio tangible a cambio de una intangible y fácil de anular, promesa de paz. Sin importar quién tenga razón, hay un impacto claro del proceso de Camp David: Israel y Egipto han estado en paz desde entonces. Sin embargo, el tiempo todo lo cambia y el actual avivamiento del conflicto palestino ha llevado recientemente a Egipto a amenazar a Israel con cancelar los acuerdos de paz suscritos. Esperemos que la amenaza no llegue nunca  cumplirse y que, en poco tiempo, pueda volver la paz a los hombres de bien de los pueblos de Israel y Palestina.

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