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El hábito no hace al monje

La apariencia y la forma de vestir de una persona también pueden decirnos mucho sobre ella, aunque no siempre es así y a veces podemos formamos ideas equivocadas. Hace algunos años, el representante de un proveedor de maquinaria americano nos solicitó una reunión en nuestra fábrica. Sería una visita de cortesía para hablar de temas generales, pero nos anunció que acudiría el dueño de su empresa, Robert Smith. En el día y hora señalados, de manera puntual, llegaron a nuestras instalaciones y nos dispusimos a recibirlos. La zona de recepción solía ser un sitio concurrido y era normal encontrarla repleta de gente. Al reconocer a Oliver, el representante, nos quedamos un poco extrañados ya que no veíamos en la sala a nadie que pudiera ser «el gran jefe». Por el contrario, a su lado se sentaba una diminuta persona asiática con pantalón corto, camisa hawaiana y gafas de sol. Imposible que fuera él. Al acercamos, ambos se levantaron y señalando al hippie, Oliver dijo: «Este es Robert, nuestro presidente». No sé si se nos quedó cara de bobos por la sorpresa o porque, en pleno verano, nos habíamos vestido de traje y corbata para recibirlo. Más tarde nos explicaron que esta persona era un emigrante chino que, como tantos otros, había cambiado su nombre por uno occidental y que en esos días estaba disfrutando de sus vacaciones en las playas de Málaga (de ahí su indumentaria). En resumen, en aquella ocasión nos dejamos influir por nuestros prejuicios y generamos una expectativa equivocada sobre nuestros interlocutores. En estos casos no hay que precipitarse y debemos evitar hacer juicios prematuros, aunque sinceramente, me sigue costando hacerlo si aparecen con una camisa de flores.