Sígueme en:

Yo para ser feliz quiero un camión

Las dotes actorales pueden ser un arma valiosa en las interacciones sociales, sin que haya que usarlas para fingir o engañar, sino para facilitar la comunicación porque, a veces, interpretar un papel y hacer un show, sirve para reforzar la idea que queremos transmitir. Esto me sucedió cuando un proveedor con fábrica en el norte de Europa pretendía aplicar una importante subida de precios debido al incremento de los costes de transporte. Después de hacer números con los datos que aportaron, concluimos que su agencia les estaba cargando unas tarifas fuera de mercado y por extensión, ellos a nosotros; no podíamos aceptarlo y había que hacérselo entender. Días más tarde, mantuvimos una reunión con él e hicimos una presentación con multitud de índices y gráficos que ponían de manifiesto esta falta de competitividad. Como conclusión, dijimos, tendríamos que replantear el futuro de nuestra relación, entonces, le señalamos unos sobres que habíamos dejado encima de la mesa. Nuestro interlocutor, temiéndose el fin de contrato inminente, los abrió nervioso. Para su desconcierto, encontró nuestros currículums (el mío y el de mi compañero), señalando nuestra experiencia como camioneros por la que solicitábamos trabajo como conductores, alegando que sus transportistas estaban ganando una pasta y que nos interesaba el puesto. El proveedor no pudo sino reírse, señal de que se había relajado y entendido una broma que sirvió para hacerle ver el problema y su solución. Nos pusimos a trabajar juntos y encontramos una manera de transportar la mercancía a un menor coste usando una agencia y una ruta diferentes. ¿Podríamos haber conseguido lo mismo sin hacer este teatro? Posiblemente, no hay reglas fijas. No obstante, os aseguro que los métodos originales y divertidos suelen ser más efectivos para persuadir de nuestros argumentos a la parte contraria. De hecho, han pasado muchos años de aquella reunión y, todavía cuando nos encontramos, lo recordamos juntos con una sonrisa.