¡VIVA ER BETIS!

No me voy a cansar de repetirlo. No solo en tus negociaciones, sino también en la vida, gran parte del éxito que tengas dependerá de lo bien o mal que te hayas preparado, es así. Si no, tu madre no te habría dado tanto la vara para que estudiaras. Pero, lo que quizás no te decía, es que no basta con conocer la teoría, sino que la ejecución y la práctica resultan igualmente decisivas. Y en concreto, tu capacidad de detectar en qué momento se está abriendo una ventana de oportunidad para aprovecharla. Hay quienes tienen un don natural para hacerlo y quienes no lo tenemos, debemos estar atentos para identificar esas ocasiones ventajosas.

En unas de mis primeras experiencias laborales, estaba recién incorporado a la compañía y a las pocas semanas empecé a reparar en que, algunos lunes a primera hora, los compañeros hacían cola en el despacho de Eduardo, mi jefe. Era un tipo rudo y un tanto desagradable, así que cualquiera que fuera el motivo, no sería para comentar lo bien que había ido el fin de semana. No obstante, no le di mayor importancia, acababa de aterrizar y tenía muchas cosas que atender. No fue hasta unos meses después cuando averigüé de qué iba aquello.

Un jueves por la tarde andaba preparando un informe sobre el estado del proyecto del que era responsable. Habíamos tenido muchos contratiempos y los resultados de último mes habían sido nefastos. La simple idea de tener que reportárselo a mi supervisor me daba mareos. Mi cara debía ser un poema, tanto que uno de los compañeros más veteranos se me acercó: «¿Qué te pasa, chaval? Estás pálido», a lo que respondí «Mi proyecto va fatal. Tengo que reunirme mañana con Eduardo para contarle que vamos a retrasarnos y no sé ni cómo hacerlo. Me va a fundir». Los ojos de mi colega comenzaron a irradiar una inesperada ternura y, echando su mano sobre mi hombro, me dijo: «No te preocupes, espera al lunes. Este domingo juega el Betis y ¡gana seguro!». Mi semblante transmutó de pena a desconcierto porque no sabía de qué me estaba hablando. «¿Cómo dices?» añadí, y él siguió: «¡Pues claro! ¿Qué crees que hace el personal cuando tiene que darle una mala noticia a Eduardo? ¿No has visto las colas los lunes? ¡Aprovechan que está de buen humor cuando gana el Betis!». Y así era. Por fin comprendí el motivo de las colas matutinas de algunos lunes. Todos querían ser los primeros en aprovechar el buen estado de ánimo de Eduardo antes de que se agotara su energía positiva, cosa que ocurría a medida que se acercaba la hora del almuerzo.

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