Si no estás en la mesa, estás en el menú

Aunque no se le preste mucha atención en los libros de historia, el año 1999 fue francamente especial. El euro, la moneda única de la UE, entró en vigor aquel 1 de enero y tanto nos costó adaptarnos que, quien más y quien menos, portó durante meses una calculadora de conversión de pesetas a euros. Por otro lado, el Efecto 2000 y la amenaza de un colapso informático mundial provocó una psicosis colectiva que, al terminar sin consecuencias, nos dejó con la impresión de que todo había sido un fake a escala planetaria (o quizás no..). Sin embargo, a mi parecer, el evento que verdaderamente convirtió aquellos 365 días en míticos fue el estreno de la película The Matrix, dirigida por los hermanos Wachowski (ahora hermanas Lana y Lilly) y protagonizada por Keanu Reeves.

Esta cinta cambió para siempre el mundo del cine y el famoso efecto bullet time inspiró a otros muchos cineastas y terminó formando parte de la cultura popular. No obstante, un aspecto que suele pasar más desapercibido, son sus referencias filosóficas y su entendimiento de las teorías de la percepción y la realidad. Para ello, los guionistas se inspiraron en el Mito de la Caverna de Platón, pero también en el sociólogo francés Jean Baudrillard y su libro Cultura y Simulacro. Baudrillard utiliza el término hiperrealidad y sostiene que la realidad es una imagen que nos figuramos del mundo físico y, por tanto, no existe como tal. Lo que percibimos como real no es más que una simulación formada por noticias, imágenes y símbolos, que se dan sentido a sí mismos y, por ello, dejan de tenerlo.

Es una temática apasionante y que está de absoluta vigencia, ya que esto mismo está ocurriendo con Bruselas, o al menos a mí me lo parece. El centro neurálgico de la UE. El símbolo y el corazón de la política europea, pero que día a día nos demuestra que está vacía de contenido, de significado, de poder, y es que es precisamente allí donde se ha fraguado un pacto que atenta contra la misma Europa, el del PSOE y JxC.

Es sabido que todo aquel que no está convenientemente representado en una mesa de negociación corre un riesgo, convertirse en parte del menú. En ese foro no había nadie que representara a los españoles y nos han servido como entrante, plato principal y también a los postres. Un acuerdo parasitario que roba valor a los ausentes para repartirlo entre los comensales: amnistía, condonación de 15.000 millones (unos 650€ por contribuyente a las arcas del Estado, sin contar intereses), un mediador internacional (¿quién será será?) y otras prebendas que iremos conociendo cuando llegue el momento adecuado (cuando a Sánchez le convenga).

Y es que el documento que se ha hecho público, del que os adjunto un enlace (https://www.abc.es/espana/consulta-documento-completo-acuerdo-psoe-junts-investidura-20231109124823-nt.html) incluye los puntos «que ambas partes tendrán que acordar», no los puntos que han acordado. Esto no es un acuerdo, ¡es una carta de intenciones! Por lo menos, eso sí, me han enseñado un nuevo palabro, lawfare, término que sirve para reconocer que la justicia española ha estado persiguiendo injustificadamente a los implicados en el proceso independentista…En fin.

Otro punto a comentar es la ambigüedad estratégica que se percibe, cuestión lógica y normal en estos contextos. Hay líneas rojas que no se pueden cruzar pero que necesariamente tienen que constar en el acta de una negociación como uno de los puntos de acuerdo. En estos casos, los negociadores intentan nadar y guardar la ropa, no metiéndose en líos pero contentando igualmente a la parroquia. ¿A qué me refiero? Pues a que, obligatoriamente, en cualquier documento público, el PSOE tenía que negar la validez del referéndum y JxC afirmarlo. Cito textualmente: «El PSOE niega toda legalidad y validez al referéndum y a la declaración, y mantiene su rechazo a cualquier acción unilateral». Y por otro lado: «Junts considera legítimo el resultado y el mandato del referéndum del 1 de octubre, así como la declaración de independencia del 27 de octubre de 2017»

Y ahora es cuando llega la magia de la ambigüedad estratégica o «de cómo ponerse de acuerdo sin comprometerse a nada». Al igual que establecen un posicionamiento aparentemente firme e irreconciliable en cada una de sus posturas, «acuerdan ponerse de acuerdo» (permítanme resultar tan redundante) sobre el reconocimiento nacional catalán, la amnistía, la fiscalidad autonómica y, cómo no, la investidura de Pedro Sánchez. O sea, solo se comprometen a seguir negociando. Todo un fake. Pero esto no significa que no haya habido acuerdo. Claro que lo ha habido. Sin embargo, este documento sólo es otro instrumento de propaganda para darnos imagen de transparencia. Lo que se haya acordado únicamente lo saben ellos. Bueno, en realidad solo nuestro presidente en funciones. Un acuerdo vale tanto como la intención de las partes por cumplirlo, y nuestro querido Pedro puede «cambiar de opinión» en el momento en que estime oportuno y dejar lo acordado en papel mojado.

En su cruzada para seguir aferrándose al poder, Sánchez está empeñado en hacer saltar por los aires todas las reglas establecidas, por supuesto las que rigen las negociaciones representativas. Estos políticos no nos representan y si lo hacen, anteponen sus intereses y necesidades personales por encima de los de sus representados, si bien este es un riesgo inherente al uso de intermediarios y mediadores.

El acuerdo que nos ofrecen no es tal, es solo el símbolo de un acuerdo, una simulación. Un placebo. Una mascarada que escenifica la ruptura social de España y la implosión de un sistema democrático que se devora a sí mismo a fuerza de teatralidad y engaño. Los que pensaban que Europa iba a salvarnos, han de despertar al «desierto de lo real». Un desierto en el que las instituciones y lo que representan solo existen como símbolo vacío e inerte. Siguiendo con Baudrillard, solo nos queda apelar a la fuerza de la mayoría silenciosa, a que la masa adormecida tome conciencia y cese su silencio, que tome el poder, que despierte. Sin embargo, y termino citando al personaje de Morfeo en Matrix: «Tienes que comprender que la mayor parte de los humanos son todavía parte del sistema. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo». Y tú, ¿de qué lado estás?.

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