Resacón en Shanghái

Cuidar la imagen es muy importante y en el mundo de los negocios lo es aún más. Cuando vamos a negociar tenemos que dar la mejor versión de nosotros mismos y asegurar las primeras impresiones en positivo, pues una mala etiqueta podría acompañarnos por mucho tiempo, incluso para siempre. Te pongo como ejemplo un viaje a China que realicé allá por el 2012. En esas visitas comerciales organizas tu agenda con meses de antelación y planificas minuciosamente cada encuentro, para hacerlo lo más efectivo posible. Resulta que tenía mi primera reunión conforme llegaba a Shanghái, tras once horas y media de vuelo. Era con un proveedor con el cual había hablado varias veces tanto por teléfono como por correo electrónico, pero nunca nos habíamos visto en persona. Vestido de traje y corbata y con un calor importante, llegué al punto convenido diez minutos antes de la hora acordada y… esperé, esperé y esperé por dos horas, durante las cuales mi contacto no daba señales de vida en el teléfono. Cansado y molesto, me fui al hotel y al llegar a la habitación sonó el móvil. Detrás de la llamada se encontraba este proveedor, quien, en tono jocoso, buscando mi complicidad y en un inglés casi ininteligible, me soltó que no había podido acudir debido a la resaca, ya que se había emborrachado la noche anterior. Yo no sé qué pensaba este tipo, quizás imaginó que, al ser yo un occidental, lo vería como algo normal y me lo tomaría de buena manera. Le colgué de una forma bastante educada, teniendo en cuenta el enfado que me había provocado el hombre, y él siguió insistiendo durante varios días, pero yo renegué cualquier otra posibilidad de encuentro y no llegamos a colaborar nunca. ¿Le habrías dado tú una segunda oportunidad? En mi caso, la impresión que causó aquel primer no encuentro fue suficiente para perder toda confianza y anuló la posibilidad de recuperarla en el futuro.

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