Truco o trato

En negociaciones en las que terceras personas ejercen de mediadores, estos podrían tener intereses contrarios a los nuestros, así que es recomendable mantener un punto de precaución extra. Con esto no quiero decir que desconfiemos de ellos por norma, no. Pero, en algunos casos, sus preferencias podrían manifestarse por caminos poco éticos, poniendo en peligro el cierre de un acuerdo que ya está hecho.

En la operación de compra de una casa a través de una inmobiliaria, ya habíamos acordado el precio con el vendedor y estábamos citados al día siguiente para firmar el contrato de arras. Sin embargo, esa misma noche, recibí una llamada del agente para comunicarme que la parte vendedora había cambiado de opinión. Habían recibido una oferta de otro comprador que había incrementado el precio en diez mil euros e iban a aceptarla. Además, me comentaba que, si yo ofrecía lo mismo, no tenía ninguna duda de que preferirían venderme la casa mí.

«No te preocupes, que ya me aseguraré yo de que sea así. Si tu mujer les cayó genial. Tú simplemente confírmame que subes tu oferta», me decía.

Sinceramente, la jugada no me había gustado un pelo y pensé que lo mejor era retirarse. No obstante, me tomé la noche para meditarlo. Por la mañana decidí llamar directamente al propietario, dejando de lado a la inmobiliaria. Mi propuesta sería igualar la cifra siempre y cuando firmáramos el contrato esa misma mañana. La sorpresa fue mayúscula cuando me dijo que no sabía nada del asunto y que nuestro acuerdo seguía en pie. Había sido el agente quien, buscando incrementar su comisión, trazó un plan para manipularnos y conseguir que la operación fuese de mayor importe. Creo que ya no trabaja en aquella agencia.

En conclusión, cuando lidiéis con intermediarios tened especial cuidado ya que sus intereses pueden llegar a interponerse con los vuestros y terminar frustrando el negocio.

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