Oh, Jerusalén

Me encantan las bibliotecas. En mi despacho tengo un cuadro con una imagen de la Biblioteca George Peabody de Baltimore. El interior de este edificio de estilo neogreco, tiene un atrio que se eleva hasta los 19 metros de altura y se corona con un tragaluz de vidrio esmerilado. Dispone de cinco hileras de balcones ubicados entre columnas festoneadas en oro y suelos que alternan mármol blanco y negro. La construcción, que alberga más de 300.000 volúmenes, parece más propia de un teatro o de una ópera. Tanto es así, que se considera una de las bibliotecas más bellas del mundo. Mucho menos ornamental y poblada, la biblioteca que tenemos en casa también me parece un tesoro, aunque por otros motivos. Las recientes noticias sobre Israel me recordaron que entre mis tomos dormía, aunque algo ajada, una auténtica joya: “Oh, Jerusalén” de Dominique Lapierre y Larry Collins. Esta obra narra el nacimiento del Estado de Israel en 1948 y es un texto clave para entender este conflicto y por qué Israel sigue siendo, casi 75 años después de su fundación, una de las zonas más hostiles del planeta. A estas horas parece inminente la ofensiva militar del ejército israelí que continúa desplegando tropas en la frontera con Gaza. ¿Y tú qué opinas? ¿Debería Israel hacer una incursión militar como parece inapelable o debería intentar negociar con Hamas la liberación de los 150 rehenes? En mi opinión, en cualquier caso, antes de recurrir a la violencia, ha de hacerse un intento por alcanzar un acuerdo, pero ¿están Israel y Hamas en situación de negociar en este momento?

Tanto la razón como la emoción están siempre presentes, en mayor o menor grado, en toda negociación. Además, son vasos comunicantes, a mayor razón, menos emoción y viceversa. En función del peso de una y otra, pueden distinguirse dos tipos de negociaciones. Las negociaciones convencionales que son aquellas en que la razón predomina sobre la emoción, de forma que los negociadores se comportan de forma lógica y ciertamente predecible. Y del lado contrario, tenemos las negociaciones especiales que como su propio nombre indica, se refieren a situaciones en las que, debido a su naturaleza especial, al menos una de las partes no se comporta de manera lógica y racional y los principios de negociación integrativa y el famoso “ganar – ganar” dejan de funcionar. Me refiero por ejemplo a crisis internacionales, terrorismo, secuestros, o sea, el caso que tenemos entre manos.

En este momento el gobierno de Israel y Hamas no están en situación de sentarse a negociar. De ninguna manera. Después de las más de 1.400 víctimas provocadas por los ataques del pasado 8 de octubre, los israelitas quieren venganza y es un sentimiento ciertamente humano, después del daño que les ha sido infligido. Además, ¿negociar el qué? ¿Que no haya un ataque sobre la franja de Gaza? Eso es inevitable. Ni aún los 150 rehenes en poder de los palestinos pueden hacer cambiar eso. Hamás no entregará esa baza porque no haría cambiar los planes del gobierno de Benjamín Netanyahu. ¿Qué opciones hay pues para estos prisioneros? Solamente la mediación internacional podría provocar su liberación, en una maniobra palestina para ganar crédito, máxime cuando algunos son ciudadanos de terceros países ¿Y quién podría hablar con el gobierno palestino para motivar la liberación? La verdad que pocos países tienen influencia sobre Hamas, pero Qatar es uno de ellos, ya que ha proporcionado cientos de millones de dólares a familias pobres de Gaza en los últimos años. Además, Qatar tiene un historial de intermediación en liberaciones de ese tipo y hace pocas semanas, colaboró con la liberación de cinco prisioneros estadounidenses retenidos por Irán. No obstante, durante las próximas semanas veremos entrar en juego otros posibles mediadores internacionales, ya que la resolución de este conflicto requerirá sin duda de una fuerte labor diplomática. En cualquier caso, la escalada bélica es ya inevitable y nos esperan miles de víctimas en ambos bandos. Contrariamente a los “felices años 20” del siglo XX, en el siglo XXI sería justo que habláramos de los “infelices años 20”: la pandemia, la guerra en Ucrania y ahora esto, ¿qué será lo próximo?

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial
Facebook
X (Twitter)