Sobrevivir a la disrupción

No me da vergüenza decirlo. No tiene sentido disimularlo. No me sonroja reconocer que durante años he coleccionado comics, figuras de acción y otras reliquias de películas y series de ciencia ficción comprados a precios obscenos. Algunos guardados en cajas, y otros en lugares más prominentes, me han acompañado siempre en las que ya son muchas mudanzas desde mi Cádiz natal. Y es que viviendo en una dictadura de minorías, resulta muy conveniente pertenecer a una de ellas y poder reclamar con orgullo el disfrute de un momento woke: Sí, señores, soy friqui. Queda dicho. Mi última extravagancia ha sido participar en un evento de supervivencia zombie. Sí, un gigantesco escape room al aire libre donde, cual protagonista de The Walking Dead, corrí de madrugada por las calles del pueblo de Lopera (Jaén) perseguido por una horda de actores interpretando el papel de infectados con ansias de carne fresca. Mi único objetivo: sobrevivir hasta la mañana.

Igual que un virus zombie, de cuando en cuando se producen mutaciones y disrupciones en el funcionamiento de los mercados y sistemas, retando a sobrevivir a quienes participan en él. Así ocurrió, por ejemplo, a finales del siglo XIX con la invención del gramófono. Hasta esa fecha, la música era sinónimo de actuaciones en bodas, fiestas y teatros en las que músicos ambulantes hacían sonar sus instrumentos. Sin embargo, una nueva tecnología provocó que miles de estos artistas perdieran sus trabajos y tuvieran que buscar acomodo en otros sectores. Un cambio similar, y diría que de mayor impacto, se está viviendo actualmente en otra rama de las artes. Esta vez el cine. La llegada de la IA y el avance de las técnicas de CGI (Computer Generated Images) han provocado en los últimos meses un auténtico terremoto en la alfombra roja. Hollywood está en huelga. ¿Qué puede hacer el mundo de la farándula para evitar que suene “la misma canción” que transformó la industria de la música en el siglo XIX? Pues, ¡negociar! Y es precisamente de estas negociaciones de lo que vengo a hablaros.

En mayo de 2023, el Sindicato de Escritores (WGA), representante del gremio de guionistas y el Sindicato de Actores (SAG-AFTRA), convocaron una huelga para reclamar a la Alianza de Productores de Televisión y Cine (AMPTP) una revisión de las condiciones de sus respectivos convenios colectivos. Así es, tus Leonardo DiCaprio, George Clooney, Margot Robbie o Scarlett Johansson, son unos sindicalistas de tomo y lomo. ¿Y qué reclamaban? Aparte de un nuevo sistema de royalties para las emisiones en streaming, había otro punto en sus demandas que representa un auténtico hito histórico: Pretendían limitar el uso de la IA para evitar que la escritura de guiones y la labor de los actores las termine realizando un software inteligente. ¡Llega la disrupción! ¡Sálvese quien pueda! Y aunque este sea el primer caso importante que salte a los medios, me aventuro a decir que en los próximos años otros muchos sindicatos darán el mismo paso y tratarán de minimizar el impacto que, sin duda, tendrán las nuevas tecnologías sobre los actuales puestos de trabajo. Y tú, ¿sabes cuál es el riesgo de automatización de tu puesto de trabajo? Si no es el caso, te recomiendo que visites alguna de las plataformas disponibles como la que te adjunto en el siguiente link:

https://www.cedefop.europa.eu/en/tools/skills-intelligence/automation-risk-occupations#1

Pero volviendo al tema de las negociaciones en Hollywood, que es de lo que vengo a hablar. ¿Cómo les ha ido? Bueno, como en toda negociación sindical que comporta una huelga, la baza con la que juegan los sindicatos es el efecto “parálisis”: Sin producción, no hay ventas (ni ingresos). No obstante, este factor aún no había causado mucho efecto ya que la industria tenía un stock de material suficiente como para no mermar sus ventas durante estos últimos meses. A pesar de la huelga hemos podido ver a Barbie, Openhaimer y la enésima entrega de Misión Imposible. Sin embargo, parece que ese inventario de películas y series se está agotando y, si no se retoman los trabajos en breve, algunos de los estrenos más esperados para el próximo año se retrasará. El poder del tiempo en las negociaciones es mágico, puede cambiarlo todo. Al acercarse el tiempo límite, ambas partes suelen estar predispuestas a hacer más concesiones, tanto que hace pocas semanas se firmó un preacuerdo entre el WGA de guionistas y el AMPTP de productores, donde se atendían gran parte de las peticiones de los primeros.

¿Y los actores? Pues auguro que en pocas semanas también habrá un acuerdo con ellos, si es que no lo hay ya. ¿Y por qué pienso esto? Pues no solo por el efecto tiempo límite, sino por el hecho de que habiéndose quedado solo, el sindicato de actores SAG-AFTRA ha perdido gran parte del poder que tenían negociando como grupo junto al sindicato de guionistas, el WGA. No creo que si no estuvieran cerca del acuerdo hubieran permitido que se rompiera el binomio quedándose “solo ante el peligro”, no me cuadraría. La unión de sus fuerzas les confería mucho más poder en el conflicto. Pero quizás, como digo, el acuerdo esté hecho y no se haya comunicado aún por algún interés que no conozcamos.

Para finalizar, tiro de refranero: cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar. Este es solo el primer caso relevante de otros muchos que están por venir para reclamar justo lo mismo. ¿Tendrán los sindicatos de otros sectores tanta fuerza como los de la industria del cine? ¿Se puede parar una revolución tecnológica? No, no se puede. Las disrupciones suponen el fin de un ciclo y son inevitables; el cambio es una constante. La cuestión no es si va a ocurrir, sino cuando. Solo nos queda prepararnos para ello. Se trata de que averigüemos en qué momento la tecnología pondrá patas arriba nuestro sector y cómo vamos a buscar hueco en otro sitio, o con qué armas vamos a luchar, si pretendemos defender nuestra posición y sobrevivir a la disrupción sin terminar volviéndonos un zombie.

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